Absceso pulmonar


Un absceso de pulmón es una cavidad llena de pus en el pulmón, rodeada de tejido inflamado, y causada por una infección.

Causas

El motivo habitual de la formación de un absceso es que las bacterias provenientes de la boca o garganta son aspiradas hacia el interior de los pulmones, causando una infección. El organismo posee muchas defensas contra tales infecciones, de modo que éstas se producen sólo cuando las defensas se encuentran disminuidas, por ejemplo, durante un estado de inconsciencia o somnolencia debido a sedantes, anestesia, abuso de alcohol o a una enfermedad del sistema nervioso.

Una enfermedad de las encías es, a menudo, la fuente de las bacterias, pero incluso cuando se aspira la saliva normal, ésta contiene suficientes bacterias como para causar una infección. En algunas personas, especialmente los mayores de 40 años, un tumor de pulmón puede causar un absceso pulmonar debido a la obstrucción de una vía respiratoria.

La neumonía provocada por ciertas bacterias, como el Staphylococcus aureus, la Legionella pneumophyla o los hongos, puede causar un absceso de pulmón. En individuos con un sistema inmunitario deficiente, los microorganismos menos comunes pueden ser la causa. Las causas excepcionales incluyen émbolos pulmonares infectados e infecciones difundidas por el flujo sanguíneo.

Una persona desarrolla habitualmente un solo absceso de pulmón, pero cuando aparecen otros, es característico que éstos se desarrollen en el mismo pulmón. Pueden formarse muchos abscesos dispersos cuando la infección llega al pulmón por el flujo sanguíneo.

Este problema es más frecuente entre los drogadictos que usan agujas no esterilizadas.

Finalmente, la mayor parte de los abscesos se rompen dentro de una vía respiratoria, produciendo gran cantidad de esputo que necesita ser expulsado con la tos. Además, un absceso que se rompe deja en el pulmón una cavidad que se llena de líquido y de aire. A veces, un absceso que se derrama en la cavidad pleural (el espacio comprendido entre las dos capas de la membrana que recubre el pulmón y la pared torácica), se llena de pus, provocando un proceso llamado empiema.

En casos raros, un absceso grande se rompe dentro de un bronquio (una de las dos ramas principales que lleva aire al pulmón) y el pus se derrama en el pulmón, provocando neumonía y el síndrome de distrés respiratorio agudo del adulto. Se puede producir una hemorragia grave si un absceso destruye la pared de un vaso sanguíneo.

Síntomas y diagnóstico

Los síntomas pueden comenzar lenta o repentinamente. Los síntomas iniciales se parecen a los de la neumonía: cansancio, pérdida del apetito, sudación, fiebre y tos que produce esputo. Este esputo puede estar teñido de sangre y es frecuente que tenga un olor muy desagradable a causa de las bacterias provenientes de la boca o de la garganta, que tienden a producir olores fétidos. La persona puede sentir además dolores en el tórax al respirar, especialmente cuando la pleura está inflamada.

Es posible diagnosticar un absceso de pulmón basándose solamente en tales síntomas y en los hallazgos realizados durante un examen clínico. Sin embargo, el médico sospecha realmente un absceso de pulmón cuando los síntomas semejantes a la neumonía se presentan en individuos que tienen determinados problemas, como un trastorno del sistema nervioso o un problema de abuso de alcohol o de drogas o un episodio reciente de pérdida de consciencia por cualquier motivo.

Las radiografías de tórax revelan habitualmente el absceso de pulmón. Sin embargo, cuando una radiografía sólo sugiere un absceso, se necesita habitualmente una exploración de tórax con una tomografía computadorizada (TC). Los cultivos de esputo pueden ayudar a identificar el microorganismo que causa el absceso.

Tratamiento

La cura rápida y completa de un absceso pulmonar requiere la administración de antibióticos por vía intravenosa o por vía oral. Este tratamiento continúa hasta que los síntomas desaparecen y una radiografía de tórax demuestre que se ha resuelto el absceso.

Por lo general se necesitan varias semanas o meses de terapia con antibióticos para lograr una mejoría significativa.

Para ayudar a vaciar un absceso de pulmón, la persona debe toser y someterse a una terapia respiratoria. Cuando se piensa que la causa es un obstáculo en la vía respiratoria, se practica una broncoscopia para eliminar la obstrucción.

En el 5 por ciento de los casos, la infección no se cura. En algunas ocasiones, se puede vaciar un absceso introduciendo un tubo a través de la pared torácica hasta el interior del absceso. Con mayor frecuencia, el tejido pulmonar infectado tiene que ser extirpado. A veces hay que extirpar un lóbulo del pulmón o el pulmón completo.

El índice de mortalidad en pacientes que tienen un absceso pulmonar es alrededor del 5 por ciento. El índice es más alto cuando la persona está debilitada o tiene un sistema inmunitario deficiente, un cáncer de pulmón o un absceso muy grande.

 







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